EL PUEBLO GITANO

HISTORIA:

Originariamente los investigadores coinciden en que los gitanos provenimos de la India (Punjab y Sind). Durante el siglo IX el Islam invadió la India y es cuando comenzamos a emprender migraciones hacia el Oeste. La segunda migración se produce en el siglo XIII, cuando los gitanos abandonamos nuestras casas en el momento en que el ejército mongol conquista el territorio.

A partir de ese momento el éxodo de nuestro pueblo ha sido constante. Durante el siglo XIV se empiezan a detectar grandes poblaciones gitanas en Grecia y el Mediterráneo, que empezaron a extenderse por toda Europa. Inicialmente fuimos bien acogidos por la población europea para, posteriormente, ser marginados socialmente por estos.

Llegamos a la Península Ibérica en el 1425, cuando el Rey Juan II de Aragón nos hace llamar condes de Egipto Menor, de donde surgiría el término “gitano”.

 DESDE LA PRIMERA PRAGMÁTICA

 

Históricamente el Pueblo Gitano ha sido discriminado de forma constante. Desde nuestra llegada a la Península Ibérica, existía una gran convivencia y aceptación entre las diversas culturas. Esta sociedad era muy distinta a la que luego se fue desarrollando con el fin de la Reconquista y la unificación de los reinos de Castilla y Aragón.

Desde 1499 hasta 1783 se aprueban una serie de leyes de prohibición de las señas identitarias y culturales del Pueblo Gitano, lo que supone consecuencias negativas y excluyentes que han perdurado hasta hoy.

Desde la Primera Pragmática dictada por los Reyes Católicos en 1499, hasta la última dictaminada por Carlos III en 1783, aparecen 250 providencias formales, entre ellas 28 Pragmáticas Reales y Decretos del Consejo de Castilla y más de 20 edictos publicados en Cataluña, Navarra, Granada y Valencia.

La finalidad de estas Pragmáticas era la de asimilarnos y la de hacernos desaparecer como diversidad:

“Mandamos a los egipcianos que andan vagando por nuestros reinos y señoríos con sus mujeres e hijos, que del día que esta ley fuera notificada y pregonada en nuestra corte, y en las villas, lugares y ciudades que son cabeza de partido hasta sesenta días siguientes, cada uno de ellos viva por oficios conocidos, que mejor supieran aprovecharse, estando atada en lugares donde acordasen asentar o tomar vivienda de señores a quien sirvan, y los den lo hubiese menester y no anden más juntos vagando por nuestros reinos como lo hacen, o dentro de otros sesenta días primeros siguientes, salgan de nuestros reinos y no vuelvan a ellos en manera alguna, so pena de que si en ellos fueren hallados o tomados sin oficios o sin señores juntos, pasados los dichos días, que den a cada uno cien azotes por la primera vez, y los destierren perpetuamente destos reinos; y por la segunda vez, que les corten las orejas, y estén sesenta días en las cadenas, y los tornen a desterrar, como dicho es, y por la tercera vez, que sean cautivos de los que los tomasen por toda la vida.”
Isabel y Fernando, Medina del Campo, 1499.
Recogido en la Novísima Recopilación, Libro XII, título XVI.

 HASTA LA ÚLTIMA

 

La última Real Pragmática fue promulgada por Carlos III en 1783. Mantenía el mismo espíritu que la promulgada por los Reyes Católicos: asimilar a los gitanos, negar nuestra identidad y “hacerlos vasallos como los demás”. Sin embargo, difería de las anteriores leyes en algunos aspectos:

“Los gitanos son ciudadanos españoles (y no una raza infecta) y pueden elegir libremente el lugar de su residencia (excepto los Sitios Reales) y el tipo de oficio que deseen (salvo los que pueden interferir negativamente en el proceso de sedentarización y asimilación que se pretende). […]
Los niños deben ir a la escuela desde los 4 años y esta escolarización será pagada por los Ayuntamientos. Los padres que se nieguen a escolarizarlos o eduquen mal a sus hijos perderán el derecho a tenerlos. […]

Nadie (Ayuntamientos, comunidades, gremios, eclesiásticos o particulares) puede negar residencia y trabajo a una persona por el mero hecho de ser gitano. Se dictan penas para aquellos que obstaculicen la integración de los gitanos.”

A la vez que se declara a los gitanos iguales al resto de los ciudadanos se nos prohíbe cualquier manifestación de las diferencias de nuestra cultura y costumbres. Se elimina el término “gitanos” y en ningún escrito puede aparecer la palabra, ya que los gitanos “no existen”. Por supuesto, el gitano que no se someta a estas normas sería condenado con la muerte.

Esta Ley es promulgada por todas las ciudades y el texto escrito fue leído públicamente en aquellos lugares donde residíamos

 EL SIGLO XX

 

La Constitución de 1912 supone un gran avance en cuanto al reconocimiento de su sistema jurídico como ciudadanos españoles.

Pero con el franquismo vuelven las condiciones negativas en cuanto a nuestros derechos como Pueblo Gitano: se prohíbe hablar el Romanó, la vida nómada es un delito y la Ley de Peligrosidad Social se aplica de forma especial con los gitanos.

Los cambios socioeconómicos de los años sesenta y setenta produjeron las migraciones del campo a la ciudad. Muchos de nosotros tuvimos que trasladarnos a las grandes ciudades y desempeñar trabajos no cualificados. Pero el oficio más común de las familias gitanas durante aquellos años era la venta ambulante, que aún perdura en nuestros días.

SITUACIÓN ACTUAL

La llegada de la democracia y la Constitución de 1978 suponen, desde el punto de vista formal, la igualdad de los gitanos ante la ley y la plena ciudadanía. Actualmente no hay leyes en contra de nuestro Pueblo Gitano. De hecho, la legislación ha avanzado y se ha dotado de un sistema de normas que protege las diversidades y penaliza el racismo, lo que nos aporta un panorama más optimista.

Sin embargo, las políticas de integración de la población marginal se convierten a menudo en políticas de segregación racial: el mantenimiento de los guetos, que constituyen espacios de aislamiento físico y social, se ha perpetuado mediante la construcción de grupos de vivienda de carácter poco habitable, que contribuyen a la perpetuación de la situación de marginación.

Hoy en día hay gitanos que se dedican a todas las actividades económicas y profesionales: médicos, abogados, profesores, empresarios, obreros cualificados, artistas, etc. Sin embargo, el estereotipo que se reproduce en los medios sigue siendo el del gitano indigente y analfabeto, o incluso delincuente.

  LENGUA

El Romanó es el idioma propio del pueblo gitano, que la gran mayoría del pueblo Rom habla en Europa, aunque en España desapareció como idioma hace tiempo. El deterioro progresivo de los pilares gramaticales de la lengua dio lugar a lo que hoy en día se conoce como caló, una derivación ibérica de la lengua Romaní.